Perú al Mundial

Share on facebook
Share on google
Share on twitter
Share on linkedin

PERÚ CLASIFICÓ AL MUNDIAL RUSIA 2018 Y ES FIESTA NACIONAL

Alegría indescriptible

Pareciera que hubieran ganado la Copa del Mundo. La forma como los peruanos festejaron su clasificación cautivó al mundo.

“¡Estamos en el Mundial, carajo!”, fue el grito generalizado en calles y plazas del país andino. El blanco y rojo inundó las calles y la gente festejó toda la noche del miércoles su hazaña. El jueves, el gobierno peruano lo declaró feriado porque sabía que nadie iba a ir a los trabajos.

Y es que los aullidos y cantos de la multitud retumbaron todo el Perú. Era un grito que esperó 36 años para ser expulsado de los pulmones de los más de 30 millones de peruanos. Fue una explosión que los peruanos llevaron atravesada en la garganta por demasiado tiempo.

No hubo una fiesta así desde el 6 de setiembre de 1981, cuando Perú clasificó por última vez a un Mundial, luego de empatarle a Uruguay en Lima.

En Lima, el parque Kennedy, en el distrito de Miraflores, fue uno de los epicentros de las celebraciones . La gente se abrazaba, lloraba, gritaba. Encaramados sobre árboles que no existían durante la última celebración, varios jóvenes rebolearon sus camisetas entre las ramas.

«Esta es tu hinchada y no te deja, no te deja de alentar», corearon mientras un bombo les marcaba el ritmo.

La policía los ve y pasa sonriendo. Esta noche, el uniforme de mayor autoridad es la camiseta blanca con una franja roja cruzando el pecho.Se han vendido tantas durante las últimas semanas que el Banco Central de Reserva del Perú calcula que han tenido un impacto medible en la economía del país: el 23% de las empresas del sector comercial han aumentado su facturación.

Generaciones de aficionados no habían vivido lo que ocurrió en la noche del miércoles.En el parque el ambiente huele a cerveza y a pólvora de los fuegos artificiales.

Todos expresaban su alegría con risas, bombardas, música, palmas, cánticos y aquellos llantos que se acercan al silencio y nos dibujan una leve sonrisa.La gran mayoría de quienes celebraron fueron jóvenes que no pasan los 35 años.

Una generación que nunca vio a su selección en la copa FIFA y que creció escuchando la misma broma, repetida cien veces en los distintos acentos latinoamericanos: «¿Y que hace Perú cuando acaba un partido del Mundial? Pues apaga el Play Station».

Fue esa generación que creció con los mitos de sus padres, que amarilleaban en periódicos de 1970 y 1982.

Decenas, cientos de banderas rojas y blancas se agitaron sobre un mar tan extenso de gente abriendo cervezas, gritando, saltando y abrazándose, que sería fácil creer que los confines de esta fiesta son también las fronteras del país.

Como en Miraflores, en las plazas de las ciudades más importantes de la costa, los andes y la selva amazónica los alcaldes armaron pantallas gigantes.En los pueblos más pequeños, los vecinos sacaron sus televisores a la calle.

El encuentro que los clasificó al Mundial de Rusia 2018 fue menos un partido de fútbol y más una liturgia para reconocerse como una comunidad.

Cuando el árbitro francés pitó el final del partido, millones levantaron los brazos, como si apuntaran a los petardos que ya revientan sobre ellos, y los dejaron caer en un abrazo hacia cualquiera que tuvieran al lado.Y entonces empezaron las lágrimas.

Nadie conocía a los que abrazaban. No saben de donde vinieron. No saben quiénes son los que se confunden entre lágrimas. Esa noche todos fueron hermanos. Eso es el fútbol.

editor

Acerca de Nosotros

La Nueva Semana es un semanario que nace para brindar información relevante para los inmigrantes en Estados Unidos.

Recent Posts

Follow Us